Monólogo escrito “Las medusas”

Este es un monólogo escrito, de Luis Piedrahita titulado “Las medusas”:

Las medusas son el último animal de la Creación. Un animal que es 98% de agua, eso Dios tuvo que hacerlo sin ganas. Que no diga ahora Nuestro Señor que la medusa le llevó el mismo tiempo que el majestuoso sapo partero, o el esbelto jabalí verrugoso.

La medusa tiene el 98% de agua… ¿Y qué es el 2 % restante? ¡Veneno! Ya es mala suerte que, cada vez que tocamos una en el mar, la toquemos justo por el lado del veneno. La medusa no lo hace a mala idea, lo que pasa es que la pobre va agobiada. No tiene ojos, ni boca, ni pelo, ni piel… nada. Eso es agobiante. Una persona normal, cuando empieza a perder pelo, se agobia. ¡Imaginaos no tener piel! ¡Que te sales! Te vas dejando los órganos vitales en los taxis. Un agobio.

También tiene que ser agobiante estar hechas de agua y vivir rodeadas de agua. Es como si nosotros viviéramos sumergidos en una piscina de carne picada. La gente, en lugar de fumar cigarrillos, fumaría canelones. Sería horrible, y ésa es una de las razones principales por las que la mayoría de la medusas no fuman.

El hecho de que las medusas no fumen ha tenido en jaque a varios científicos. En el fondo es muy sencillo, si las medusas fumaran se acatarrarían, tendrían mocos, escupirían flemas… Y ¿cómo se diferencia una medusa que escupe una flema de una que está dando a luz? Es imposible. Hay que decirlo: ¡Las medusas son gigantescas flemas marinas! Esto confirma que las medusas son el último animal de la Creación. Dios termina el Mundo, se asoma desde el cielo, lo ve allí abajo, y lo que te apetece es escupir. Que Dios también es humano.

A pesar de todo, tengo un cariño especial a las medusas. Y no porque sean flemas divinas, sino porque yo tuve medusas. Lo contaré, aunque es una historia triste. Todos conocemos la leyenda del hidroavión y el buzo que apareció calcinado en un bosque gallego. Bueno, pues junto a ese buzo iba una medusa que, como era de agua, con el calor del incendio se evaporó en forma de nube. Viajó hasta La Coruña, se condensó y llovió en forma de gotitas de medusa. Era muy difícil verlas porque parecían gotitas de verdad, pero yo cogí una y la adopté. Al principio la tenía en el bidé. Era un lío, porque cada vez que me quería lavar los pies tenía irme a la bañera.

Luego la medusa se hizo grande y la pasé a la bañera, que era peor, porque cuando me quería bañar tenía que hacerlo en el bidé. La pobre era una medusa existencialista. Me decía:

- Soy una medusa y estoy triste. Ser medusa es una mierda.

- No hombre, no… Ser medusa tiene muchas ventajas.

- ¿Cuáles?

- No te tienes que hacer radiografías. Te haces una foto normal y te vale de radiografía.

- Ya. Pero, total, ¿para qué? Si no tengo huesos…

Yo veía a la pobre medusa tan desanimada que decidí llevarla de paseo. Cogí un acuario, le puse unas ruedas, y la medusa iba adentro atada con un collar. Yo tiraba de la correa y lo llevaba todo como un carrito.

Paseamos por La Coruña, fuimos a la Plaza de María Pita a comer carne asada, luego la llevé a mi colegio, a Santa María del Mar para que viera la ría, a la Torre de Hércules… Y al terminar el día, le digo: “¿Qué te parece, medusa? ¿No son motivos suficientes para estar contenta?”. Entonces la medusa me mira y me dice: “¿Tú eres tonto? ¿No ves que no tengo ojos para ver nada, ni piel, ni boca para comer carne asada y te lo has comido tu todo?”. Se puso muy triste y se suicidó picándose a si misma muchas veces en los huevos.

Aquí viene mi duda: ¿las medusas van al cielo? Y si se suicidan, ¿sus almas quedan penando? ¿Cómo son los fantasmas de las medusas? Porque si las medusas ya son trasparentes de por sí, imaginaos los fantasmas de las medusas.  Tal vez se nos aparecen constantemente, lo que pasa es que no las vemos. ¿Nunca habéis notado que de repente os empieza a picar mucho, mucho, mucho una pierna? Eso es un espíritu de medusa. ¿Y cuando se os pone un ojo borroso y no sabéis por qué? Eso es que se os ha metido un fantasma de medusa en el ojo.

Por eso, cada vez que sintáis que os pica una pierna, o que veis borroso por un ojo, rezad un padrenuestro por el alma de esa medusa que, por una cosa o por otra, está obligada a errar hasta encontrar la paz de su viscoso espíritu.

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